Les Luthiers – Serenata Mariachi

Otro de los mejores de Les Luthiers

Serenta Mariachi

Obra nº: 043
Espectáculos: Recital ’73 Viejos fracasos
Discos: Les Luthiers volumen IV
Vídeos: (No)

(Se ofrecen dos versiones de esta popularísima obra de Les Luthiers: la primera y más conocida, corresponde al Volumen IV; la segunda, a la actuación celebrada en el Teatro Odeón de Buenos Aires, el 28 de agosto de 1976)



VERSIÓN DE DISCO
En la Serenata Mariachi de Maximiliano Robirosa, una típica formación mariachi -dos trompetas, cuatro violines dos guitarras, requinto y contrabajo (por guitarrón)- pone marco a una historia de amor, pasión, celos, coraje, virilidad, violencia, salvajismo, muerte, resentimiento, venganza, arrepentimiento, castigo, remordimiento, perdón, amor, celos, venganza, muerte, arrepentimiento, amor renacido, celos renacidos, vejez y muerte natural. O por lo menos algunas de estas cosas.

– ¿Cómo estás, Porfirio?
– ¿Qué hubo, Bernardo?
– Pues aquí me ves. Voy a cantarle una serenata a mi chaparrita, que vive aquí, en este caserío.
– Pues fíjate que casualidad. La mía también vive en este caserío.
– ¿Y tú también estás de serenata?
– Pues fíjate que sí, pero fíjate que no.

– ¿Y por qué no?
– No me alcanza el dinero para contratar a los músicos.
– ¡Pero mano! Entre cohetes… entre cuotas… cuitas
– Entre cuates.
– Entre esos… ¡Compartamos mi mariachi!
– ¿Compartir tu…? ¡Pues se agradece, Bernardo!
– ¡Pues te presto mi mariachi!
– ¡Pues se agradece, Bernardo!
– ¡Pues empieza tú primero!
– ¡Pues se agradece!
– …Bernardo…
– Bernardo.
– ¡Música, mariachis!

Diez días y diez noches,
a mi potro prendido
desde Guadalajara
este charro ha venido.
Y aunque estoy muy dolorido
el esfuerzo ha valido
pues tu amor
me ha dejado estupido.

– ¡Ándale, Bernardo! ¡Cántale ahorita a la tuya!
– Se agradece…

He cruzado los estados de Chihuahua,
Tamaulipas y Aguas Calientes,
Guanajuato, Durango y Zacatecas
con amor y un clavel entre los dientes.
Galopando he cruzado tanto estado,
tanto estado interminable
que el clavel me lo he tragado
y mi estado es lamentable.

– Al pie de tu reja
– Al pie del balcón
– con alma y con arte
– estoy yo parado
– mi virgen morena
– mi linda rechula
– yo vengo a cantarte
– tu amor me ha flechado
– pues quiero llevarte
– me encuentro embarcado
– mismito a la iglesia
– en tal peripecia
– pues quiero decirte
– que mi alma te aprecia
– María Lucrecia…

– ¿Eh?
– ¿Cómo?
– ¡Oye, mano, que María Lucrecia es mi chaparrita!
– ¡Pues que no es tu chaparrita!
– ¡Oye, que sí es mi chaparrita!
– Pues mira, Porfirio, veremos a quien prefiere María Lucrecia!
– ¡Ándale!

Siento que me atan a ti
tu sonrisa y esos dientes
el perfil de tu nariz
y tus pechos inocentes.

Tus adorados cabellos,
oscuros, desordenados,
clara imagen de un anzuelo
que yo mordí fascinado.

– ¡Sal de aquí, Porfirio!
– ¡Que no salgo nada!
– ¡Sal de aquí!
– ¡Que no salgo!

– Siento que me atan a ti
– tus adorados cabellos,
– tu sonrisa y esos dientes
– oscuros, desordenados,
– el perfil de tu nariz
– clara imagen de un anzuelo
– y tus pechos inocentes.
– que yo mordí fascinado.

En esta noche
De cálidos contornos
(¿Cálidos? ¡Si hace un frío de perros!)
Yo vengo a brindarte
(¡Qué va a brindarle, este cuate grosero…!)
Mi loca pasión
(¡No te dije! ¡Pues que te trata de loca!)
Si turbo tu sueño
(¡Pues claro que lo turba, con esa voz tan cascadota!)
Perdóname, chula
(¿Te pide perdón? ¡Es porque se siente culpable!)
Mas vengo a ofrecerte
(¿Qué futuro te espera? ¡Un vendedor ambulante!)
Mi canto de amor.
(¡Miente! ¡Créeme, Lucrecia, este charro no te quiere ni tantito!)
¡Y qué caray!
Apuro un tequila,
Te cargo en las ancas,
Y nos vamos los dos.
(¡No, Bernardo! ¡Contigo no voy a ningún lado!)

Y si echo bravatas
También las sostengo
Pues todos se rajan (¡Pues no seré yo quien se raje!)
De mi pistolón. (¿De tu pi…? ¡Pues sí, seré yo!)

– María Lucrecia, ¡ay!, vente conmigo
– María Lucrecia, ¡ay!, vente conmigo
¡Ay! Lucrecia, no te rajes
pues yo te ofrezco…

– Una rosa
– Dos geranios
– Seis claveles
– Una selva… ¡Bang!
– Una diadema de perlas
– Una sortija de plata
– Una pulsera de oro
– Un brazalete de uranio… ¡Bang!
– Una tormenta de pasiones
– Un impermeable… ¡Bang!
– Un futuro venturoso
– Dos futuros venturosos… ¡Bang!
– Un ámbito bucólico
– Un… una… ¡Bang!
– Pues fíjate, María Lucrecia, lo que yo te ofrezco es un tierno hogar.
– Depto. chic. cuatro ambient. dependenc de servic, garag. Telef.
– Y… y yo…
– ¡Intermediarios abstenerse!
– ¡Ay! Lucrecia, te has quedado muda (Óyeme, Bernardo, mira…)
– Siento que ya te estoy conquistando (No, no, no… nada de eso, escu…)
– Te has quedado tan quieta y silenciosa (Óyeme, Bernardo…)
– No te oigo porque estoy cantando (No, no, que la has matado de un tiro)
– Te he dejado con los ojos en blanco (Pues claro, ¡si está muerta!)
– Y has lanzado un gran suspiro (¡Como que fue el último!)
– Te siento muerta de amor (Eso, eso, está muerta, mira…)
– De amor (No, no de amor precisamente, mira, que la has matado de… ¡que la has matado!)
– ¿Qué la he matado?
– ¡Todita!
– ¿Y cómo?
– ¡Recién, con la balacera!
– ¿Recién con la balacera? ¡Por unos tiritos! ¡Mira qué floja!
– ¡Pues tienes razón!

La mujer que mi canto no quiere oír
Para mi ha dejado de existir.


VERSIÓN DE LA ACTUACIÓN EN EL TEATRO ODEÓN DE BUENOS AIRES, EL 28 DE AGOSTO DE 1976
(NARRADOR: Marcos Mundstock; BERNARDO: Daniel Rabinovich; PORFIRIO: Carlos Núñez Cortés; ORDÓÑEZ: Marcos Mundsdock)

NARRADOR: El compositor mexicano Maximiliano Robirosa, según la opinión de ciertos musicólogos descubrió la música siendo un niño apenas. Otros, en cambio, sostienen que para ese entonces la música ya había sido descubierta. Lo cierto es que Maximiliano Robirosa debe su formación musical a su padre, el caudillo Benito Chamorro. Chamorro, en efecto, envió a Maximiliano al conservatorio de un célebre músico, descendiente de los aztecas, el maestro Robustiano Quetalpepetocatealgo. Chamorro, para evitar que su hijo se arrepintiera y abandonara el conservatorio, siguiendo el ejemplo de Hernán Cortés, ordenó que le quemaran el caballo, terrible episodio este que afectó a Maximiliano, su sensibilidad, su piadoso espíritu, y sobre todas las cosas, su caballo. Robirosa es el autor de la célebre “Serenata Mariachi”, que interpretan seguidamente Les Luthiers.

BERNARDO: Buenas noches, mis mariachis, ¿qué hubo Porfirio, cómo estás? Hola manito
PORFIRIO: ¿Pos qué hubo, Bernardo?
BERNARDO: Pos he venido a cantarle una serenta a mi chaparrita, que vive acá, en este caserío.
PORFIRIO: Je,je, pos fíjate qué casualidad, la mía también vive por este caserío, solo que un poquitín más allá.
BERNARDO: ¿Y qué has venido a hacer, manito?
PORFIRIO: He venido a cantarle una serenatita yo también.
BERNARDO: ¿Adónde están tus mariachis?
PORFIRIO: Pos fíjate Bernardo que no he traído mariachis, pos la finanzas…. ¿pos qué hubo, Ordóñez?
ORDÓÑEZ: ¿Pos cómo estás, mano?
PORFIRIO: Pos aquí me ves, ¿se puede saber a qué has venido?
ORDÓÑEZ: Pos he venido a acompañarte en tu serenata
PORFIRIO: Mira, se agradece Ordóñez, pero tú sabes que no tengo dinero con que pagarte
ORDÓÑEZ: ¿Pero eso qué importa, mano? Toco gratis
PORFIRIO: ¡Se agradece, ja, ja! ¿Y qué tocas?
ORDÓÑEZ: Dime
PORFIRIO:
ORDÓÑEZ: ¿Nunca escuchaste el refrán aquel que dice:… no, aquel… que dice: “Ordóñez toca lo que usted le Ordóñez”?
PORFIRIO: ¿Y cómo tocas, Ordóñez?
ORDÓÑEZ: Pos escucha. (Ordóñez obtiene a muy duras penas un sonido chillón y desafinado de una trompeta) ¡Y después sigue! Pos dime, pos dime, ¿qué te ha parecido?
PORFIRIO: Pos ni gratis, Ordóñez.
BERNARDO: Ahorita, ¿y cómo le vas a cantar?
PORFIRIO:
¿Horitita?
BERNARDO
: Sí
PORFIRIO: A capella
BERNARDO: Pero manito… entre cohetes… entre cuotas… entre cuitas…
PORFIRIO: Entre cuates
BERNARDO: ¡Entre esos, entre esos! Compartamos mi mariachi
PORFIRIO: ¡Pos se agradece, Bernardo!
BERNARDO: ¡Pos te presto mi marichi!
PORFIRIO: ¡Pos se agradece, Bernardo!
BERNARDO: ¡Pos empieza tú primero!
PORFIRIO: ¡Pos se agradece!
BERNARDO: ¡Bernardo!
PORFIRIO: Bernardo
BERNARDO: ¡Ándale, Porfirio, ándale Porfirio, ándale!
PORFIRIO: Diez días y diez noches,
a mi potro prendido
desde Guadalajara
este cuate ha venido.
Y aunque estoy muy dolorido
el esfuerzo ha valido
pues tu amor
me ha dejado “estupido”.
BERNARDO: Aquí llega un charro enamorao
como un rayo que el cielo ha arrojao,
con sombrero de plata bordao,
con pistolas de oro enchapao.
Desde Jalisco en un mulo,
sin temor ni disimulo
ha viajado este rechulo
pa pedirte… ¡un ósculo!
PORFIRIO: Al pie de tu reja
BERNARDO: Al pie del balcón
PORFIRIO: con alma y con arte
BERNARDO: estoy yo parao
PORFIRIO: mi virgen morena
BERNARDO: mi linda rechula
PORFIRIO: yo vengo a cantarte
BERNARDO: tu amor me ha flechao
PORFIRIO: pos quiero llevarte
BERNARDO: me encuentro embarcao
PORFIRIO: mesmito a la iglesia
BERNARDO: en tal peripecia
PORFIRIO Y BERNARDO A CORO: pos quiero decirte
que mi alma te aprecia
María Lucrecia…
PORFIRIO:
¡Pos fíjate manito, que María Lucrecia es mi chaparrita!
BERNARDO:
¿Es tu qué?
PORFIRIO:
Que es mi chaparrita
BERNARDO:
¿Que es tu qué?
PORFIRIO:
Que.. que… que no te pierdas, Bernardo
BERNARDO: Siento que me atan a ti
tu sonrisa y esos dientes
el perfil de tu nariz
y tus pechos inocentes.
PORFIRIO: Tus adorados cabellos,
oscuros, desordenados,
clara imagen de un anzuelo
que yo mordí fascinado.
BERNARDO: Siento que me atan a ti
PORFIRIO: tus adorados cabellos,
BERNARDO: tu sonrisa y esos dientes
PORFIRIO: oscuros, desordenados,
BERNARDO: el perfil de tu nariz
PORFIRIO: clara imagen de un anzuelo
BERNARDO: y tus pechos inocentes
PORFIRIO: que yo mordí fascina…
BERNARDO: En esta noche
de pálidos contornos
yo vengo a brindarte
mi loca pasión
PORFIRIO: ¡Huy, yo también!
BERNARDO: Si turbo tu sueño
perdóname, chula
mas vengo a ofrecerte
mi canto de amor.
PORFIRIO: ¡Que sean dos, los cantos!
BERNARDO: ¡Y qué caray!
apuro un tequila,
te cargo en las ancas,
y nos vamos los dos.
PORFIRIO: ¡Huy, pues vámonos, Bernardo!
BERNARDO: Y si echo bravatas
también las sostengo
pos todos se rajan
de mi pistolón.
PORFIRIO: ¡María Lucrecia, ay vente conmigo!
BERNARDO:¡ María Lucrecia, ay vente conmigo!
PORFIRIO Y BERNARDO A CORO: Ay, Lucrecia, no te rajes
pos yo te ofrezco…

PORFIRIO: Una rosa
BERNARDO: Dos geranios
PORFIRIO: Seis claveles
BERNARDO: Diez macetas, ¡pum!
PORFIRIO: Una tormenta de pasiones
BERNARDO: Un impermeable, ¡pum!
PORFIRIO: Un nidito de amor
BERNARDO: Una cama de seis plazas ¡pum!
PORFIRIO: Un futuro venturoso
BERNARDO: Dos futuros venturosos ¡pum!
PORFIRIO: Un ámbito bucólico
BERNARDO: … ¡pum!
PORFIRIO: Pos fíjate, María Lucrecia, lo que yo te ofrezco es un tierno hogar.
BERNARDO: ¡Dpto. chic, cuatro ambient., dependenc. de servic., garag., teléf.! ¡Intermediarios abtenerse!
PORFIRIO: Mírame, mano
BERNARDO: Ay, Lucrecia, te has quedado muda,
siento que ya te estoy conquistando

PORFIRIO: Nada más lejos…
BERNARDO: te has quedado tan quieta y silenciosa
PORFIRIO
: Óyeme, Bernardo
BERNARDO: no te oigo, porque estoy cantando
PORFIRIO
: No, no, que la has matado de un tiro.
BERNARDO: Te he dejado con los ojos en blanco
PORFIRIO
: Claro, si está muerta, mira
BERNARDO: has lanzado un gran suspiro
PORFIRIO
: ¡Como que fue el último!
BERNARDO: Te siento muerta de amor
PORFIRIO
: Eso, está muerta
BERNARDO: de amor…
PORFIRIO
: No de amor precisamente. ¡Que la has matado!
BERNARDO: ¿Que la he matado?
PORFIRIO: ¡Todita!
BERNARDO: ¿Y cómo?
PORFIRIO: Recién, con la balacera
BERNARDO: Recién con la balacera… por unos tiritos…¡qué floja!
PORFIRIO Y BERNARDO A CORO: La mujer que mi canto no quiere oír
Para mi ha dejado de existir.

Fuente: http://www.icsi.berkeley.edu/~chema/luthiers/043.html

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